Nota del director

En 2013, durante un viaje por Cabo Verde descubrí la historia de Amílcar Cabral. Quedé fascinado por la determinación con la que Amílcar dedicó su vida a un sueño aparentemente loco: unir dos países para luchar por su independencia. ¿Quién era ese joven ingeniero agrónomo africano?  ¿Cómo consiguió el apoyo internacional para que un territorio minúsculo pusiese en jaque a Portugal?

Fue así como formamos un pequeño equipo y empezamos entrevistar a amigos, familiares y camaradas. Descubrí que Amílcar Cabral es, aún hoy, un personaje controvertido que despierta visiones encontradas tanto en Guinea y Cabo Verde como en Portugal. No ha resultado sencillo levantar este proyecto sin ser africano ni portugués, pero es esa misma característica la que me ha permitido ser un interlocutor imparcial en el que los testimonios confían.

Durante los últimos cinco años Amílcar no ha dejado de interpelarme. El documental se ha convertido en un proyecto romántico, pensado y repensado, al que me he dedicado casi sin medios pero con total libertad creativa.

Con este biopic reivindico a Cabral, su vida y su pensamiento como una forma de explorar la vulnerabilidad del ser humano y la necesidad de estar atentos. Vivimos años crispados, en los que la intolerancia prolifera en Europa y fuera de ella. Y hoy la vida de Cabral nos recuerda que los derechos de justicia social adquiridos por nuestra civilización no son eternos, sino que se han de reconquistar con cada generación y que no hay mayor peligro que el olvido.

A luta sempre continua…

En la vida de Cabral convergen los derechos humanos, la utopía, el racismo, los amores imposibles, la ambición, la guerra o la traición. Una historia con un enorme potencial cinematográfico que trasciende el continente africano y que merece ser contada ahora que se acerca el 50 aniversario de su muerte.